Chernobyl: La zona muerta que revive – 40 años después del peor desastre nuclear de la historia

DAVID RAUDALES
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The Chernobyl disaster | CNN
 

Por [DAVID RAUDALES] – 06 de enero de 2026

Casi cuatro décadas después de la explosión que sacudió al mundo, la zona de exclusión de Chernobyl se ha convertido en un paradoxical laboratorio natural: una ciudad fantasma congelada en el tiempo soviético de 1986, pero también un santuario inesperado para la vida silvestre. Un documental impactante titulado “Chernobyl: La zona de exclusión | Documental completo”, publicado en el canal Free Documentary Español, ofrece un recorrido visual por este territorio prohibido de 2.600 kilómetros cuadrados en Ucrania, donde la radiación persiste, pero la naturaleza reclama terreno.

El filme, que explora las secuelas del accidente del 26 de abril de 1986 en el reactor número 4 de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, recuerda cómo una prueba de seguridad fallida provocó dos explosiones que liberaron una nube radiactiva equivalente a 500 bombas de Hiroshima. La evacuación de Pripyat —ciudad modelo para 50.000 trabajadores de la planta— ocurrió 36 horas después, cuando ya era tarde: residentes fueron trasladados en autobuses sin saber que nunca regresarían, dejando atrás hogares, mascotas y pertenencias.

Pripyat, hoy un icono del abandono urbano, aparece en el documental como un museo al aire libre del colapso soviético: la noria del parque de atracciones nunca inaugurada, escuelas con pupitres cubiertos de polvo, piscinas olímpicas vacías y el palacio de cultura con teatros y gimnasios intactos pero deteriorados. Miles de “liquidadores” —soldados, bomberos y civiles movilizados— arriesgaron sus vidas para contener el desastre, muchos muriendo años después por cánceres y enfermedades relacionadas con la radiación.

El documental destaca el contraste más sorprendente: sin presencia humana permanente, la fauna ha proliferado. Lobos, osos, linces, caballos de Przewalski, alces y cientos de especies de aves han recolonizado la zona. Estudios científicos citados muestran que, aunque la radiación afecta la genética animal (mutaciones y tumores), la ausencia de cazadores y contaminación industrial ha permitido una biodiversidad mayor que en muchas reservas naturales. La naturaleza, ironía del destino, parece beneficiarse del peor error tecnológico humano.

En 2016 se completó el Nuevo Confinamiento Seguro (NSC), un arco gigante de acero financiado internacionalmente que cubre el sarcófago original de 1986, diseñado para durar al menos 100 años y permitir el eventual desmantelamiento del reactor. Sin embargo, el documental advierte que el combustible nuclear fundido sigue allí, y la gestión de residuos radiactivos permanece como desafío pendiente.

Hoy, la zona recibe turistas controlados —decenas de miles al año antes de la pandemia y la guerra en Ucrania—, atraídos por el “turismo oscuro”. Guías con dosímetros recorren Pripyat y pueblos abandonados, donde el tiempo parece detenido: calendarios de 1986, juguetes infantiles y propaganda soviética. Algunos “samosely” (autocolonizados), mayoritariamente ancianos que regresaron ilegalmente, aún viven en aldeas periféricas, cultivando en suelos contaminados por costumbre y nostalgia.

El documental concluye con una reflexión sobre las lecciones no aprendidas del desastre: secretismo inicial soviético que agravó las consecuencias, impacto en millones de personas en Europa (contaminación llegó hasta Escandinavia y Reino Unido) y el recordatorio permanente de que la energía nuclear, aunque limpia en emisiones, conlleva riesgos catastróficos. En palabras implícitas del relato visual: Chernobyl no es solo historia; es una advertencia viva en un mundo que sigue dependiendo de la fisión nuclear.

Disponible en YouTube, este documental combina imágenes aéreas impresionantes, archivos históricos y exploración actual para ofrecer un retrato equilibrado entre horror, fascinación y resiliencia natural. Cuarenta años después, Chernobyl sigue siendo la herida abierta de la era atómica.